Diálogos Invisibles

Diálogos Invisibles cuenta historias de personas en búsqueda de una vida mejor. Muchos han huido de situaciones de miseria, guerra y persecuciones, y al llegar a Europa han visto sus derechos vulnerados por leyes de extranjería discriminatorias y excluyentes. El apoyo solidario de la sociedad civil es fundamental para dar amparo y promover la cohesión social. Por una buena salud de nuestra democracia estamos obligados a exigir políticas migratorias que respeten los derechos humanos. Existe el derecho a migrar porque existe el derecho a luchar por una vida digna. www.dialogosinvisibles.wordpress.com

Inder nació en el Punjab. Vivía con su familia y trabajaba en la agricultura. Emigró con 16 años porque quería ayudar a mejorar las condiciones de vida de su familia. Su viaje duró 8 años hasta llegar a Barcelona. Fue explotado y golpeado por las mafias de trafico de personas en su cruce por el Sahara, hasta llegar a Ceuta. Allí vivió un año en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), del que huyó por miedo a ser deportado. Durante dos años malvivió en el monte de Ceuta, mientras colaboraba como voluntario en distintas ONGs. Finalmente fue detenido y encerrado en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), verdaderas cárceles para personas sin delitos y sin derechos. A los dos meses fue trasladado a Barcelona. Inder ya tiene 28 años y quiere recuperar el tiempo perdido. Ahora trabaja, habla cinco idiomas, y está terminando su bachillerato para luego empezar la universidad.
Inder nació en el Punjab. Vivía con su familia y trabajaba en la agricultura. Emigró con 16 años porque quería ayudar a mejorar las condiciones de vida de su familia.  Su viaje duró 8 años hasta llegar a Barcelona. Fue explotado y golpeado por las mafias de trafico de personas en su cruce por el Sahara, hasta llegar a Ceuta. Allí vivió un año en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), del que huyó por miedo a ser deportado. Durante dos años malvivió en el monte de Ceuta, mientras colaboraba como voluntario en distintas ONGs. Finalmente fue detenido y encerrado en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), verdaderas cárceles para personas sin delitos y sin derechos. A los  dos meses fue trasladado a Barcelona. Inder ya tiene 28 años y quiere recuperar el tiempo perdido. Ahora trabaja, habla cinco idiomas, y está terminando su bachillerato para luego empezar la universidad.
© Joan Tomás

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