Diálogos Invisibles

Diálogos Invisibles cuenta historias de personas en búsqueda de una vida mejor. Muchos han huido de situaciones de miseria, guerra y persecuciones, y al llegar a Europa han visto sus derechos vulnerados por leyes de extranjería discriminatorias y excluyentes. El apoyo solidario de la sociedad civil es fundamental para dar amparo y promover la cohesión social. Por una buena salud de nuestra democracia estamos obligados a exigir políticas migratorias que respeten los derechos humanos. Existe el derecho a migrar porque existe el derecho a luchar por una vida digna. www.dialogosinvisibles.wordpress.com

Roman Román es residente permanente en España desde hace más de diez años pero nunca pudo obtener el permiso para traer a su mujer e hijos. Cuando estalla la reciente guerra de Ukrania, Román se encontraba con su familia en Alemania, realizando una operación médica a uno de sus hijos. Su esposa era activista política, por lo que deciden no regresar a Crimea para no poner en peligro su vida y la de sus hijos. Al solicitar asilo político, a la familia de Román se le aplica el Convenio de Berlin, por el cual la tramitación de asilo debe realizarse por el país de entrada. Román tiene dos opciones: arriesgarse a enviar a su familia a un Centro de Internamiento de Extranjeros en Alemania mientras se tramita un posible asilo que podría terminar en deportación a Crimea. De momento viven en Barcelona con su familia en situación irregular, sin derechos y relegados a la invisibilidad.

Roman
Román es residente permanente en España desde hace más de diez años pero nunca pudo obtener el permiso para traer a su mujer e hijos. Cuando estalla la reciente guerra de Ukrania, Román se encontraba con su familia en Alemania, realizando una operación médica a uno de sus hijos. Su esposa era activista política, por lo que deciden no regresar a Crimea para no poner en peligro su vida y la de sus hijos. Al solicitar asilo político, a la familia de Román se le aplica el Convenio de Berlin, por el cual la tramitación de asilo debe realizarse por el país de entrada. Román tiene dos opciones: arriesgarse a enviar a su familia a un Centro de Internamiento de Extranjeros en Alemania mientras se tramita un posible asilo que podría terminar en deportación a Crimea. De momento viven en Barcelona con su familia en situación irregular, sin derechos y relegados a la invisibilidad.
© Joan Tomás

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